martes, 26 de septiembre de 2006

Paradigmas y Realidad





El ser humano, haciendo uso de una cualidad innata e inevitable, ha intentado explicar y predecir el mundo del que forma parte desde el principio de los tiempos. En cada momento de la historia, las sociedades, antaño relativamente locales y hoy inercialmente globales, han desarrollado diferentes modelos de creencias. La física, la filosofía, la metafísica, la ciencia y la religión han convivido, a veces de la mano y otras aparentemente separadas, para modelar los diferentes sistemas sociales, políticos y culturales. Como resultado, la sociedad, en cada momento y en cada lugar ha proporcionado al individuo un conjunto de creencias, conocimientos, normas y leyes mediante las cuales éste se podía desarrollar y relacionar consigo mismo, con sus congéneres y con el cosmos, así como aprehender lo existente sometiendo la realidad a generalizaciones, eliminaciones y distorsiones con el fin de predecir el propio comportamiento y el de la naturaleza y utilizarlo en su beneficio.

Quizás como elemento evolutivo y con el objetivo de perpetuarse como especie con un elevado grado de conciencia de sí, el ser humano desarrolla un concepto particular: la REALIDAD-VERDAD. La definición de lo real, en teoría, debería abarcar a aquello que ES, que EXISTE, independientemente de estar sometido a la percepción o juicio; transmite también un cierto aire de inmutabilidad. Lo curioso es que “aquello que es real y verdadero” ha ido cambiando y lo sigue haciendo, a medida que las creencias, la cultura y la ciencia cambian. La realidad parece un subproducto, resultado de la interpretación de los datos sensoriales, primero a través de los propios canales biológico-perceptuales, y después por el conjunto de creencias propios de cada época y tradición. Esto es paradójico en si mismo. No se puede unificar conceptualmente el hecho de que la realidad debería ser definitiva, existente en si misma e independiente, con la observación de que cada vez que cambiamos nuestros pensamientos, la propia realidad-verdad se redefine.


En el contexto de la Resonancia Bioenergética, VERDAD y “bueno” es aquello que genera simetría y aumenta la conciencia, con lo que lo “malo, falso y PERVERSO es lo que nos hace perder simetría y conciencia.

Así que, “¿qué rayos sabemos?”. Sabemos que vivimos en un mundo sujeto por las creencias-paradigmas y que cada vez que éstas se modifican, algo cambia en nosotros. Vivimos en una explicación de la realidad. Los paradigmas son creencias compartidas. Cuanto más extendida y compartida está una creencia, más fuerza tiene el paradigma resultante. La realidad es un acuerdo compartido por la mayoría de la humanidad y sostenido con reglas, suposiciones e interpretaciones de la experiencia perceptual que es la vida. Aparentemente el objetivo de los paradigmas es la continuidad y evolución del individuo y de la especie mediante la acumulación y transmisión de conocimientos. Es una forma de reducir la inmensidad del todo a un tamaño manejable por nuestro cerebro.

Compartimos creencias primarias que tomamos en principio como realidades absolutas como por ejemplo, “el mundo esta hecho de objetos”, “el tiempo discurre desde el pasado hacia el futuro y yo vivo en el presente”, “existen sonidos, colores, sabores, olores y sensaciones”, “para vivir hace falta comer”, “nacemos, vivimos y morimos” etc...

Este tipo de creencias trascienden las culturas e incluso los tiempos hasta tal punto que son consideradas desde el punto de vista social como verdades inamovibles. Pero sin embargo, en ocasiones, pequeñas fisuras hacen que algo irrumpa para alterar la estabilidad de tales realidades.

Ahora la física dice que más que un mundo de objetos, existe un continuo espacio-tiempo, que se parecería más a bandas de energía, visión que coincide con la de los antiguos chamanes; también dicen que el tiempo va desde el pasado al futuro porque quizás nuestros sentidos lo interpreten así y que a lo mejor hay realidades simultáneas en el que todas las opciones posibles se expresan en una especie de multiverso fractal en el que nada se puede dar por seguro; ahora resulta que los sentidos no son cinco, ya que hay animales que tienen un sónar, o un sentido de detección electromagnética y parece que las plantas tienen conciencia. Hay gente que dice que lleva años sin tomar alimentos y una buena parte del mundo sigue como doctrina a seres que presuntamente resucitan o no mueren. ¿Verdad?.

Aunque es obvio, mejor si evitamos olvidar algo de gran transcendencia, la definición del mundo y de la realidad se edifica a través de algo que supone un salto evolutivo sin precedentes, al menos en la historia biológica conocida de nuestro planeta: las PALABRAS. Las palabras son representaciones de la realidad y la hacen accesible-comprensible en un determinado nivel de conciencia-pensamiento. Aprendemos a hablar y a pensar con palabras, y a partir de entonces nombramos todo lo que percibimos, lo hacemos real. En este nombrar sin fin, nos contamos unos a otros y a nosotros mismos, una y otra vez, mediante el diálogo, nuestra explicación de la realidad que está formada por paradigmas y presuposiciones, que se organizan jerárquicamente, desde las creencias o modelos más generales que nos unifican, hasta los matices más particulares y personales que permiten la singularidad individual, diferenciándonos a unos de otros.

En el modelo de la Resonancia Bioenergética, el LENGUAJE es el SEXTO SENTIDO humano, ya que la realidad que percibimos sería completamente diferente sin este sentido y al igual que los otros cinco, dispone de áreas especializadas en el córtex cerebral.

Se construye el MAPA DE LA REALIDAD a través de los datos aportados por los cinco sentidos y del modelado producido por el diálogo con los demás y con nosotros mismos. En todos los idiomas se dice básicamente lo mismo, aunque se utilicen palabras diferentes y si crees en algo o sabes algo, casi siempre es porque hubo alguien antes que tú que lo creyó o lo supo. Las personas desarrollan su relación con la realidad a través de este mapa, el metamodelo del lenguaje. Pero como se dice en la PNL (Programación Neuro Lingüística), el mapa no es el territorio. Es lógico que un mapa rico en detalles y lo más exacto posible es de mejor utilidad que uno pobre y con errores. ¿Y si de la calidad del mapa dependiera la calidad de la experiencia vital y de la propia conciencia?. No parece que en el momento del nacimiento se tenga un mapa, o por lo menos muy elaborado, ya que todavía no se ha desarrollado el lenguaje, así que, quizás se empieza utilizando el de los padres y personas importantes de nuestra primera etapa vital. A medida crecemos, el mapa se hace mas completo, pero como en gran parte se “copia” de los modelos de referencia, lo mismo se incorporan sus ventajas que sus desaciertos.

De manera que, voy a suponer que no disponemos de la capacidad de percibir la realidad tal como es (ver “Mito de la caverna” de Platón) y que, en su lugar, nos relacionamos con ella a través de este mapa que viene a ser una especie de realidad virtual. Si esto es así, definitivamente el mapa, su exactitud y riqueza, serviría para medir el nivel de evolución y desarrollo que ha alcanzado una persona, determinando sus posibilidades de interacción y manejo en la existencia. ¿Y si cambiando creencias, paradigmas, el lenguaje y las palabras que utilizamos al hablar y pensar, pudiéramos modificar nuestra realidad?. Esto supone que si algunas de nuestras vivencias son desfavorables y nuestras capacidades en ciertas áreas son escasas o ineficaces, es posible que nuestro mapa necesite de mejoras. Imagina el impacto negativo que a menudo algunos padres o madres dan a sus hijos diciendo cosas como “no vales”, “eres un/a inútil”, “no te mereces nada bueno”, “siempre nos va mal”, “el mundo está mal”, “los demás sólo quieren hacerte daño” y tantos y tantos COMANDOS que se instalan en el MAPA. Estos comandos se convierten en la realidad que vivimos, De manera que lo ideal, si esto es cierto, sería empezar a realizar una lista de comandos y creencias, tanto “positivos” como “negativos” y observar la relación que hay entre éstos y los acontecimientos que vivimos. Habría que buscar experiencias que respondan a patrones repetitivos e indagar qué comandos son los que funcionan para alimentarlas así como sus conexiones con los cinco sentidos. Esto por lo menos sería el principio de la posibilidad de cambio.

Así que, ya que parece que hay que creer en algo, y que el concepto de REALIDAD lo mantenemos o cambiamos a través de nuestro mapa, así como el concepto del MUNDO con la suma de todos los mapas individuales, ¿qué pasaría si elijo vivir creyendo que los demás no tienen la culpa de mis males, que yo tengo mucho que hacer al respecto, que es mejor evitar la queja y construir un mundo mejor, que mi mundo es mi vida y por ello es accesible y transformable, que me merezco lo mejor, que deseo mi triunfo y el de la humanidad, que quiero estar en contacto con personas que estén en un nivel de conciencia igual o mayor que el mío, para poder seguir desarrollándome, que siempre hay buenas opciones, que tengo la habilidad de verlas y el valor de escogerlas, que la vejez me traerá la plenitud y que la muerte solo es un gran cambio, que todo ser humano tiene recursos casi ilimitados en su interior, que se puede llegar a acceder a esos recursos y utilizarlos...? ¿qué puede pasar?

Puedes convertirte en un aprendiz que identifica sus creencias y verdades perversas y limitantes para así cambiarlas gradualmente por realidades potenciadoras y simétricas mediante el continuo acecho al ego, la recapitulación y el silencio interno y entonces podrás aspirar a llegar a ser un maestro con poder y conciencia suficiente para crear tu propia realidad.

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Texto y fotografías de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons