viernes, 1 de septiembre de 2006

Percepción



Algunos físicos cuánticos dicen que la percepción puede formar parte de la estructura de la existencia, ya que todo observador produce un efecto cuantificable sobre el objeto de la observación. Partiendo de éste supuesto, se puede imaginar como en el proceso de percibir, un flujo de algún tipo de energía es emitido desde el observador hacia lo observado, ya que es evidente que difícilmente el primero podría influir sobre el segundo si no hubiera algún tipo de intercambio energético. Podemos seguir imaginando este flujo de energía como una línea, rayo u onda (canal) así que en el momento en que algo es percibido, un flujo de energía conecta al observador con lo observado, de manera que se puede decir categóricamente que la percepción es una forma de relación.

En una relación existen al menos dos elementos-sistemas que intercambian algún tipo de energía-información. Esta energía-información llega y sale desde los distintos objetos u elementos y provoca diferentes tipos de respuestas en todos los integrantes de la relación, ya que para que exista una relación tienen que existir elementos resonantes emisores y receptores, sensibles a los contenidos de energía-información que son intercambiados. Además, como se ha indicado, es necesario un canal o medio de transporte de los contenidos de energía-información. Este canal de transporte vincula a los diferentes sistemas participantes en la relación-percepción-existencia.

La utilización reiterada de un canal a través del cual el observador-perceptor se relaciona con lo observado, consolida la propia estructura del canal-vinculo. Al principio los canales a través de los cuales fluyen las relaciones-percepciones-pensamientos-sentimientos entre los seres humanos son débiles y temporales. A medida que las relaciones y el contacto se hacen más intensos y continuos en el tiempo, los propios canales se configuran como permanentes. Podríamos decir que, las esferas luminosas que somos serían los puntos de partida y entrada de una multitud de líneas de energía o cordones que son el fruto de la consolidación de las relaciones personales, sociales, familiares, afectivas etc.

Puesto que a través de éstos canales-vínculos, estamos permanentemente influyendo y siendo influidos (in-fluir, bien podría significar “llevar los fluidos dentro”), llega un momento en la vida del ser humano en el que la socialización constituye una verdadera trama, cuan tela de araña, en la que solidificamos y mantenemos nuestros contenidos de energía-información-consciencia, quedando poco margen de maniobra para continuar nuestro desarrollo. Los vínculos se hacen rígidos, los contenidos se estancan, uno es lo conocido, y lo que conocen los demás nos fija impidiendo el libre fluir de la energía. De esta manera conservamos la cordura de lo habitual hasta que nos llegamos a convertir en la imagen de lo que los demás quieren de nosotros, una copia burda, una cinta grabada que se repite una y otra vez en forma de bucle, perdiendo simetría, hasta que la cinta se rompe o se raya. La otra opción que tenemos como seres humanos consiste en luchar por aumentar la CONCIENCIA, en convertirnos en auténticos PERCEPTORES impecables, fascinados por la VIDA y enamorados del CONOCIMIENTO, pero para eso debemos reclutar la ENERGÍA atrapada en las dependencias emocionales, la rabia, el sentimiento de ofensa y en los defectos del ego... y esto no todo el mundo está dispuesto a hacerlo ya que es una tarea realmente titánica y que dura toda la vida. Ultimamente ya he aceptado el hecho de que en este mundo hay dos tipos de personas, los que trabajan para aumentar la luz y los que lo hacen para aumentar la oscuridad, ¿dónde estás?.

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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons