jueves, 1 de noviembre de 2007

La Enfermedad como Camino






A menudo tratamos la ENFERMEDAD como a una entidad independiente del propio enfermo, como algo a erradicar, algo que simplemente tiene que ser expulsado. Puede esta conducta ser debida a una profunda incomprensión sobre la naturaleza del sufrimiento y suele conducir hacia estrategias de NEGACIÓN que limitan la posibilidad de recuperación y sanación reales. La enfermedad aparece como un DESAFÍO que señala el hecho de que algo valioso ya se perdió por el camino o que ha llegado el momento de incorporar nuevos aprendizajes.


El concepto de enfermedad en Resonancia Bioenergética es definido como el estado psicocorporal y energético en el que se expresan las limitaciones, alteraciones y distorsiones en las posibilidades, funcionamientos, desarrollos y estructuras propias del individuo en comparación con las que, como especie, se han conquistado en el transcurso de la evolución. La enfermedad es un alejamiento de la simetría potencial inmanente que afecta a parte o a toda la matriz individual.

La ENFERMEDAD es el efecto de una PÉRDIDA o CARENCIA (de energía, de simetría, de equilibrio, de estructura, de función) que termina haciéndose visible a través de los SÍNTOMAS. Es generadora de NECESIDADES que requieren ser compensadas y de PROBLEMAS que necesitan ser resueltos (COMPENSAR: igualar en sentido opuesto o neutralizar el efecto de una cosa con el de otra). Entonces, se hace necesario invertir una determinada cantidad y calidad de energía-trabajo (TRABAJO: energía necesaria para moverse o cambiar de un estado a otro), en la intensidad justa, utilizando las ESTRATEGIAS adecuadas, durante el tiempo y ciclos que sean necesarios hasta que el equilibrio-salud haya sido restaurado. Esta inversión de medios y esfuerzo, lógicamente, debe ser proporcional a las pérdidas y carencias que subyacen y nutren a la enfermedad. En ocasiones se recupera lo que se perdió, pero otras veces, como mucho, se recupera el equilibrio. Se hace necesario compensar a través de aquellos aprendizajes que encajen mejor en el lugar preciso de la pérdida o carencia. La sanación bajo estas premisas debe buscar la recuperación de las partes físicas implicadas, dentro de lo que sea posible, pero sobre todo, tiene que obtenerse una mejoría en la simetría y funcionamientos psicoemocionales y sutiles, con respecto los que se tenían previamente a la pérdida-enfermedad. Esto implica que, al final, cuando la sanación llega, se tiene más de lo que se tenía, se ha aprendido. De ahí la idea de que, un estado de enfermedad puede llegar a transformarse en un camino de APRENDIZAJE, desarrollo y evolución.

El individuo y sus partes son un todo interconectado. Por ello, el intento de supresión u ocultación de la enfermedad, o de sus síntomas, puede llevar a pérdidas en los niveles de energía, a alteraciones en otras funciones que estaban correctas, a disminuciones en la simetría estructural y a un NO-APRENDIZAJE. Sorprendentemente, esto en ocasiones resulta durante un tiempo en una situación cómoda, estable y “libre de enfermedad” aparente. Cada nivel de simetría necesita de un NIVEL DE ENERGÍA determinado para sostenerse. Si se produce una pérdida en el nivel de energía, necesariamente se están sacrificando estructuras y funciones. Para la medicina actual, la supresión del síntoma parece ser lo más importante. A mi entender, la medicina natural debería ser más racional y la medicina oficial más holística.

La VIDA se mantiene mediante la permanente incorporación en la MATRIZ INDIVIDUAL (cuerpo físico, mente, cuerpo energético) de estímulos-información provenientes en primer lugar del MUNDO EXTERNO. El individuo procesa los distintos tipos de materia-energía-información externa que, en cuanto son transformados internamente, sirven de nutrición por un lado a la propia matriz individual y por otro a su MUNDO INTERNO. Una vez adquiridas las nutriciones por la matriz individual, ésta genera distintas respuestas hacia el medio. Cuando el mundo interno (MENTE-PSIQUE) incorpora su nutrición, la transforma, generando como resultado a su vez un flujo de energía procesada que se desdobla en tres partes. La primera la emite hacia el mundo externo en forma de algún tipo de reacción. El segundo flujo de energía-información resultante lo vuelca en la propia matriz individual. La tercera parte la reintegra de nuevo como entrada de datos hacia sí, hacia el mundo interno. Se produce de esta manera un fenómeno retroalimentativo en que tanto la matriz individual como el mundo interno tienen por un lado una alimentación exógena y por otro realizan una especie de nutrición endógena, manteniendo un ciclo recurrente de emisión de respuestas tanto hacia el exterior como hacia el interior. Este es el proceso de la NUTRICIÓN, contemplada ésta en una visión mucho más amplia de la comúnmente aceptada. Cualquier materia, energía o información que al volcarse en la matriz individual provoca algún tipo de cambio en ella, la está nutriendo. Este mecanismo retroalimentativo es el que genera la percepción del mundo. Cuando se detiene por completo, debido al desgaste inherente al sistema de vida, por una pérdida irreversible de simetría fruto de un estado de enfermedad, o por la incapacidad por parte de la matriz individual de procesar los estímulos provenientes del medio, sobreviene la MUERTE, que es cuando se acaba el mundo (aumento masivo e irreversible de la entropía con una pérdida completa de la simetría y de las funciones).

Si se mantiene un flujo de estímulos y nutriciones, procesos y respuestas adecuados (generadores de simetría), entonces la tendencia es hacia la salud. Cuando los estímulos, procesos y respuestas son inadecuados (generadores de entropía), la estructura puede perder su equilibrio dinámico moviéndose hacia un estado de enfermedad como consecuencia de la desadaptación o, viéndolo de otra forma, como un mecanismo de respuesta adaptativa ineficiente a las pérdidas o carencias.

En la Resonancia Bioenergética se parte de la premisa de que somos seres-individuos con tres dimensiones: física, psíquica y transpersonal. Tres niveles fuertemente interrelacionados y dependientes dentro de su propia singularidad, cada uno con sus propias necesidades. Son necesarios estímulos-experiencias-información para cada uno de nuestros niveles, ya que cada uno tiene sus propias necesidades. La enfermedad se expresará como resultado de la combinación de diferentes estímulos negativos entrópicos (malas nutriciones), resonantes con cada nivel:

Nutriciones perversas o estímulos físicos de la enfermedad: constitución débil o mala genética (pérdidas de simetría por parte de nuestros ancestros, herencia); malformaciones, problemas en etapa fetal o nacimiento, accidentes, traumatismos, cicatrices, estrés, cansancio, campos electromagnéticos, condiciones ambientales adversas, contaminación, alimentación inadecuada, tóxicos, agentes infecciosos; drogas o alcohol, tabaco; falta o exceso de ejercicio físico, envejecimiento...

Nutriciones perversas o estímulos psico-emocionales de la enfermedad: preocupaciones, ansiedad, desadaptación, desubicación; relaciones insatisfactorias o dañinas con la madre, el padre y el entorno en la etapa fetal y en la infancia; maltrato, exigencias, expectativas, frustraciones, presiones, menosprecio; falta o exceso de afecto, atención o apoyo en la infancia; adicciones; relaciones interpersonales inadecuadas o limitantes, malas relaciones a nivel familiar, de amistades, de pareja o laborales; dependencias emocionales; desarrollo educativo, profesional o laboral inadecuados, dificultades económicas o mal manejo del dinero; situaciones no deseadas que sin embargo se mantienen en el tiempo, experiencias traumáticas, atemorizantes, violencia; coacciones, imposiciones desde la sociedad, figuras de poder, o desde uno mismo de modos de vida, ideas o aprendizajes limitados o inadecuados; chantajes, sobornos, culpabilizaciones, manipulaciones, traiciones, deudas; falta de autoestima, alteraciones en la autoimagen...

Nutriciones perversas o estímulos transpersonales de enfermedad: desubicación existencial, conflictos con la idea de dios o de la vida, conflictos religiosos, espirituales etc; creencias limitadoras sobre la vida y la muerte o sobre la idea de dios; negación de la dimensión transpersonal del ser humano, o por el contrario su exaltación excesiva; karma...

Algunos de estos estímulos negativos no los puedes evitar, pero otros sí. Cada día, en cada momento se elige dentro de las posibilidades existentes en nuestro GRADO DE LIBERTAD. Incluso no elegir es lo mismo que tomar automáticamente la decisión inercial. Parece que la naturaleza impulsa a los seres a superarse y a elegir, de forma más elaborada cuanto más complejos somos. Definitivamente, el ser humano destaca por su complejidad. La enfermedad forma parte de la ecuación de la vida, como un desafío que, tanto si se resuelve como si no, no te deja igual.

¿Te gusta lo que has leído en este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.
Creative Commons License
Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons