sábado, 27 de febrero de 2010

Niveles de Energía




Recordemos que un SISTEMA es un OBJETO COGNITIVO compuesto por ELEMENTOS que se relacionan-cohesionan entre sí por medio de flujos de energía-información con el objetivo de mantener y a menudo ampliar sus funciones inmanentes, formando un todo o unidad. Los sistemas individuales a su vez se relacionan con el entorno formando parte de SUPRASISTEMAS COLECTIVOS, intercambiando energía-información con el medio en el que existen. Este intercambio de energía es otro de los procesos característicos de los sistemas abiertos: la NUTRICIÓN. Todos los sistemas existentes son abiertos, puesto que intercambian información con el entorno, se nutren; todos excepto LA TOTALIDAD, que es la suma de cada uno de los espacios y tiempos, siendo el único sistema cerrado, ya que solo puede intercambiar información consigo mismo.


El ser humano es un sistema vivo, dotado de CONCIENCIA DE SER. Para mantener sus niveles de energía, necesita de nutrición física, psicoemocional y transpersonal, puesto que se organiza a través de estos tres niveles, que a pesar de estar fuertemente interconectados, también mantienen una cierta independencia.

De forma general, un sistema está integrado por una estructura-contenedor, por un conjunto de funciones-programas y por una cantidad variable de energía útil; los tres factores determinan las posibilidades del mismo a la hora de cumplir sus objetivos. De forma misteriosa todo sistema vivo o matriz individual tiene un propósito y una dirección preferente en la que evolucionar. Existe un impulso innato que lo empujará a moverse en el tiempo, experimentando cambios que, en parte, son predeterminados y cíclicos. Estos ciclos influirán en su estructura y funcionamientos, que seguirán caminos fractálicos evolutivos o involutivos, dependiendo de si las energías utilizables del sistema y su simetría estructural aumentan o disminuyen. A través de estos procesos de transición se mejorarán, ampliarán o perderán funciones, información y características. Dependiendo del NIVEL EVOLUTIVO en el que un sistema se encuentra con respecto a su PLAN POTENCIAL INNATO o SIMETRÍA SAGRADA, tendrá que solucionar diferentes problemas o satisfacer ciertas necesidades para continuar existiendo o para mejorar su desarrollo y la propia eficacia con la que resuelve problemas o consigue satisfacer sus necesidades.

Los sistemas vivos se ven impulsados por un lado a evolucionar y por otro buscan la estabilidad-equilibrio. El EQUILIBRIO se encuentra repartido en la naturaleza en forma de bandas de energía que podrían imaginarse, en su forma más sencilla, como estratos o capas. Para cada ser y para cada momento hay un número limitado de bandas de energía posibles en las que se puede seguir viviendo y funcionando. Existen alternativamente bandas de energía estables e inestables de diferente “grosor”, desde los niveles de energía más bajos y burdos hasta los más altos y evolucionados. En las bandas de energía en las que la entropía aumenta lentamente el sistema puede “descansar”. Sin embargo, en las bandas de energía en las que la entropía crece rápidamente el sistema es impelido a moverse hacia la banda de arriba o hacia la de abajo para obtener de nuevo el equilibrio. Esta es una manera muy lineal de verlo, aunque en realidad la organización de las bandas se parecería más a un FRACTAL, en el que para cada lugar en el que uno se puede encontrar existen un número determinado de lugares aledaños, algunos con mayor nivel de energía y otros con menor, algunos con propiedades estables y otros de naturaleza inestable. Lo curioso de las bandas de equilibrio (o estabilidad) es que, al contrario de lo que se podría pensar, encontrarse en una de ellas no implica necesariamente evolución o haber solucionado los problemas acumulados. Lo mismo ocurre con las inestables; en ocasiones la evolución o resolución de ciertos problemas lleva, en contra del sentido común, a tener que pasar por una banda de inestabilidad, eso sí, de mayor nivel de energía. Así que es posible tener una cierta estabilidad, al menos durante un tiempo, en niveles de energía bajos, en los que existen gran cantidad de problemas sin resolver, de forma que el sistema estará “atascado” a pesar de su aparente equilibrio. De cualquier forma, la SENESCENCIA (cambios entrópicos irreversibles vinculados al paso del tiempo) provocará en algún momento una perdida de estabilidad y del nivel de energía. Si bien la simetría física se ve muy afectada por el paso del tiempo, bajando gradualmente de niveles de energía, en el ser humano las partes psicoemocionales y transpersonales pueden seguir aumentando sus niveles de energía y evolucionando, como mínimo, hasta el momento de la muerte. Los mecanismos de SELECCIÓN DE OBJETIVOS y de TOMA DE DECISIONES son los impulsores de los sucesivos cambios en los niveles de energía y en la simetría a lo largo de la vida. Escogemos, dentro de las opciones disponibles en cada momento, qué nutriciones dar y cuáles no, a cada una de nuestras partes (física, psicoemocional y transpersonal).

La EVOLUCIÓN es el cambio de estado que sufre un sistema en su búsqueda de bandas estables de mayor energía, generando SIMETRÍA mediante la incorporación de APRENDIZAJES POSITIVOS (patrones de diseño) que promueven nuevas FUNCIONES o una mayor eficacia en las ya existentes (CONOCIMIENTO). Cuando un sistema está evolucionando también atraviesa bandas inestables que, en realidad, son las impulsoras de los nuevos aprendizajes por ser generadoras de PROBLEMAS y NECESIDADES que deben ser resueltos o compensadas de forma simétrica. Al hacerlo se aprende.

La INVOLUCIÓN es el movimiento de un sistema hacia bandas de menor energía, tanto si son estables como inestables. Esto es a cambio de una pérdida en la simetría y en las funciones que previamente estaban disponibles en el sistema. También es el estado en el que se renuncia a alcanzar los desarrollos potenciales disponibles, sosteniendo inercias perversas, mantenedoras de situaciones de estancamiento y anquilosis física, emocional o transpersonal (IGNORANCIA). La involución provoca una predominancia de las FUNCIONES PERVERSAS sostenidas por malas estrategias (antipatrones de diseño, generadores de entropía) y una inercia hacia la mala utilización del mecanismo de selección de objetivos y toma de decisiones.
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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons

sábado, 6 de febrero de 2010

El Mapa del Destino



Te voy a contar un cuento.

Imagina que el destino y el propósito de la vida fuera la percepción. Desde la concepción empezamos a percibir el mundo y nuestra propia existencia. Imagina que lo único que existe en el universo es CONCIENCIA DE SER, tu conciencia de ser.

Antes de que el tiempo hubiera nacido, el Espíritu primigenio, que más tarde fue conocido como CERO, existía en potencia pero no en presencia; de manera que si bien no tenía nada que percibir, su conciencia era infinita. Y CERO se movió por primera vez, renunció a su conciencia sin fin para experimentarse a través de lo perecedero y finito. Al principio formó tres energías que nacieron simultáneamente, aunque en el tiempo del hombre fueron numeradas en un intento de comprenderlas mejor. La que tenía la función de fragmentar la conciencia, fue conocida como UNO, el que vino después de CERO, el primer nombre: el CREADOR. Y así también DOS se manifestó, con la misión de sostener lo ya creado, de aglutinarlo; DOS fue conocido como el CONSERVADOR, y así nació el Espacio. Pero ciertamente la madre de los dos primeros, la verdadera madre primigenia fue la que se conoció como TRES, una matriz llamada la RUEDA DEL TIEMPO; es la que impulsa y genera el movimiento, provoca la transformación, imprime vibración y permite que el viaje se realice; incluso el propio espacio solo existe como una de sus dimensiones. La rueda gira y gira para al final llevar de vuelta lo existente a su fuente, transformando y finalmente destruyendo, de forma cíclica, por eso el tiempo fue nombrado como el TRANSFORMADOR.

Y los tres, que fueron conocidos como EL ESPÍRITU, crearon a los millones de seres, que solo son variaciones finitas de la infinita conciencia de CERO. Por eso los seres andan buscando a su fuente, porque son ella misma. Y éste es el cuento de la vida. Pero hay más.

Para hacerlo más interesante, el Espíritu creó simultáneamente todo lo que iba a existir. Creó todos los universos, todos los seres, todas sus vidas. Desde el principio al fin, pasado, presente y futuro, con todas las variaciones posibles. Creó la luz, el sonido, la gravedad, las fuerzas atómicas, la electricidad, el magnetismo y después a los seres dotados con sentidos para percibir. Creó la alegría, el miedo, la tristeza, la fuerza motriz, el amor, la recreación y otras emociones desconocidas por los humanos, todas a imagen y semejanza de las fuerzas primordiales que hacían que la energía se organizase en el universo. Creó el bien y el mal para distinguir entre los desarrollos simétricos o las involuciones entrópicas. No creó un camino, los creó todos. Estableció cada una de las posibilidades imaginables, como diferentes senderos que los seres podrían recorrer-vivir. Un mundo de posibilidades. Cada elección llevaría a vivir una existencia u otra. Los seres tendrían una sensación de continuidad, de identidad, de ser y de existir debido a la presión de la fuerza del tiempo sobre sus conciencias. Por cada decisión tomada se manifestaría un universo completo para apoyarla. Una obra con tantos escenarios como seres han existido, existen y existirán. Y para cada escenario tantos guiones como se pueda imaginar, y más. Y una única regla: en cada elección se perdería o ganaría energía y conciencia.


Hemos llamado sufrimiento al acto de percibir la amenaza, la pérdida, el dolor, el desgaste, la ignorancia o el apego que pueden hacer disminuir la energía-percepción-conciencia. Hemos llamado vida a la percepción que emerge del roce de la conciencia con el MAPA DEL DESTINO. Porque somos eso, un mapa con todos los caminos, con todas nuestras opciones. Limitadas, aunque lo suficientemente numerosas como para sentir la libertad, a pesar de que no existe tal como creíamos, todo estaba puesto de antemano.

Somos la conciencia fragmentada del Espíritu que se embauca a sí mismo para vivir una VIDA mortal. Por la EMOCIÓN que produce. Tenemos innumerables opciones, pero solo viviremos una, que se convertirá en un trazo de luz en el oscuro mar de la conciencia. Su principio será la CONCEPCIÓN, sus puntos medios nuestras DECISIONES y su final la MUERTE. Para que el Espíritu se recree, porque su conciencia es nuestra razón de ser. Empezamos como un fractal de posibilidades y acabamos como una única banda de energía delineada a través de todas las opciones que escogimos. Al final de todo, ¿Conseguiré contribuir al engrandecimiento de la conciencia del Espíritu, o seré otra existencia aburrida?.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons