sábado, 6 de febrero de 2010

El Mapa del Destino



Te voy a contar un cuento.

Imagina que el destino y el propósito de la vida fuera la percepción. Desde la concepción empezamos a percibir el mundo y nuestra propia existencia. Imagina que lo único que existe en el universo es CONCIENCIA DE SER, tu conciencia de ser.

Antes de que el tiempo hubiera nacido, el Espíritu primigenio, que más tarde fue conocido como CERO, existía en potencia pero no en presencia; de manera que si bien no tenía nada que percibir, su conciencia era infinita. Y CERO se movió por primera vez, renunció a su conciencia sin fin para experimentarse a través de lo perecedero y finito. Al principio formó tres energías que nacieron simultáneamente, aunque en el tiempo del hombre fueron numeradas en un intento de comprenderlas mejor. La que tenía la función de fragmentar la conciencia, fue conocida como UNO, el que vino después de CERO, el primer nombre: el CREADOR. Y así también DOS se manifestó, con la misión de sostener lo ya creado, de aglutinarlo; DOS fue conocido como el CONSERVADOR, y así nació el Espacio. Pero ciertamente la madre de los dos primeros, la verdadera madre primigenia fue la que se conoció como TRES, una matriz llamada la RUEDA DEL TIEMPO; es la que impulsa y genera el movimiento, provoca la transformación, imprime vibración y permite que el viaje se realice; incluso el propio espacio solo existe como una de sus dimensiones. La rueda gira y gira para al final llevar de vuelta lo existente a su fuente, transformando y finalmente destruyendo, de forma cíclica, por eso el tiempo fue nombrado como el TRANSFORMADOR.

Y los tres, que fueron conocidos como EL ESPÍRITU, crearon a los millones de seres, que solo son variaciones finitas de la infinita conciencia de CERO. Por eso los seres andan buscando a su fuente, porque son ella misma. Y éste es el cuento de la vida. Pero hay más.

Para hacerlo más interesante, el Espíritu creó simultáneamente todo lo que iba a existir. Creó todos los universos, todos los seres, todas sus vidas. Desde el principio al fin, pasado, presente y futuro, con todas las variaciones posibles. Creó la luz, el sonido, la gravedad, las fuerzas atómicas, la electricidad, el magnetismo y después a los seres dotados con sentidos para percibir. Creó la alegría, el miedo, la tristeza, la fuerza motriz, el amor, la recreación y otras emociones desconocidas por los humanos, todas a imagen y semejanza de las fuerzas primordiales que hacían que la energía se organizase en el universo. Creó el bien y el mal para distinguir entre los desarrollos simétricos o las involuciones entrópicas. No creó un camino, los creó todos. Estableció cada una de las posibilidades imaginables, como diferentes senderos que los seres podrían recorrer-vivir. Un mundo de posibilidades. Cada elección llevaría a vivir una existencia u otra. Los seres tendrían una sensación de continuidad, de identidad, de ser y de existir debido a la presión de la fuerza del tiempo sobre sus conciencias. Por cada decisión tomada se manifestaría un universo completo para apoyarla. Una obra con tantos escenarios como seres han existido, existen y existirán. Y para cada escenario tantos guiones como se pueda imaginar, y más. Y una única regla: en cada elección se perdería o ganaría energía y conciencia.


Hemos llamado sufrimiento al acto de percibir la amenaza, la pérdida, el dolor, el desgaste, la ignorancia o el apego que pueden hacer disminuir la energía-percepción-conciencia. Hemos llamado vida a la percepción que emerge del roce de la conciencia con el MAPA DEL DESTINO. Porque somos eso, un mapa con todos los caminos, con todas nuestras opciones. Limitadas, aunque lo suficientemente numerosas como para sentir la libertad, a pesar de que no existe tal como creíamos, todo estaba puesto de antemano.

Somos la conciencia fragmentada del Espíritu que se embauca a sí mismo para vivir una VIDA mortal. Por la EMOCIÓN que produce. Tenemos innumerables opciones, pero solo viviremos una, que se convertirá en un trazo de luz en el oscuro mar de la conciencia. Su principio será la CONCEPCIÓN, sus puntos medios nuestras DECISIONES y su final la MUERTE. Para que el Espíritu se recree, porque su conciencia es nuestra razón de ser. Empezamos como un fractal de posibilidades y acabamos como una única banda de energía delineada a través de todas las opciones que escogimos. Al final de todo, ¿Conseguiré contribuir al engrandecimiento de la conciencia del Espíritu, o seré otra existencia aburrida?.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons