lunes, 6 de diciembre de 2010

Paternidad


La primera emoción que evoca el nacimiento de un bebé es la de la ALEGRÍA… Sin embargo, antes de seguir hablando de esto, es necesario darse cuenta del hecho de que, como seres humanos, nuestro psiquismo y organización emocional están encajados en tres niveles diferentes a los que se intenta servir. El primero en jerarquía es el de la pertenencia a una ESPECIE. Es el que condiciona las emociones desde el aspecto biológico e instintivo. Por debajo del nivel de especie, y en segundo lugar, está el ORDEN SOCIAL, que emana del hecho de que somos seres sociales que nacemos, aprendemos y funcionamos en grupo. El orden social es un esquema que intenta servir principalmente al orden biológico. Lo hace generando y manteniendo estructuras de grupo como la familia, los estados, las administraciones, los sistemas productivos y económicos, con el objetivo de que la especie tenga continuidad. Y el tercer nivel de manifestación emocional es el del INDIVIDUO. Por inercia intenta servir tanto al orden social como al biológico, si bien, paradójicamente, tiene como objetivo fundamental el mantenimiento de la propia vida para que sea posible la acumulación de experiencias, aprendizaje y consciencia individuales.



Como el objetivo principal del orden biológico es la supervivencia de la especie, cuando nace un bebé es este el nivel que genera la ALEGRÍA, puesto que ésta es la emoción encargada de intensificar la experiencia de CONTINUIDAD y GANANCIAS. El orden social replica la intensificación biológica generando más alegría, ya que realmente la sociedad gana, al menos de forma potencial cuando dispone de un individuo más.

Y llegamos al individuo, que a duras penas intenta imitar la alegría biológica y social, cuando en realidad la PATERNIDAD/MATERNIDAD es una de las pérdidas más grandes que se pueden experimentar como ser humano individual. La cantidad de esfuerzo, recursos, energía y tiempo que deberás utilizar para sacar adelante a tus hijos es descomunal, perdiendo definitivamente tu estatus anterior… para siempre. La emoción encargada de intensificar el sentimiento de pérdida es la TRISTEZA. Así que, desde el punto de vista del padre o madre, el nacimiento de un bebé trae, se reconozca o no, una enorme tristeza. Cualquier pérdida conlleva un aumento de problemas, que deben ser resueltos, y de necesidades, que deben ser compensadas. Cuando no se es consciente o no se quiere reconocer la pérdida inherente a la paternidad/maternidad, los individuos suelen utilizar fundamentalmente dos tipos diferentes de estrategias perversas de compensación. La primera es convertir al bebé en una propiedad. Ésta es la modalidad más frecuente e incluso es apoyada socialmente: los hijos son tuyos, para siempre. La segunda estrategia es menos frecuente y consiste en el abandono. Cuando un padre o una madre no se ve capaz de asumir la pérdida, simplemente abandona o se deshace de sus hijos.

Sin embargo existe otro tipo de compensación que como padres es posible realizar. En una familia de guerreros, los padres se hacen cargo de manera impecable de sus hijos y mientras crecen, ellos mismos se dedican a crecer y a aumentar su consciencia, transmitiendo a sus hijos esos valores, facilitando que sean, si así lo elijen, seres luminosos que desplieguen su potencial poniendo límites a las ataduras de la dependencia emocional. Los padres guerreros PERDONAN la deuda a sus hijos, porque la han convertido en consciencia. Cuando crecen les dejan ir en las alas de la libertad, porque desde el principio les han tratado como compañeros de viaje, nunca como propiedades o inversiones. A eso se le llama AMOR VERDADERO y es la semilla para que el orden social sirva a los individuos de forma primaria y al orden biológico de forma secundaria, que es lo contrario de lo que ocurre ahora. Éste debería ser el siguiente paso en la evolución de la familia, de la sociedad y del individuo.

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Textos y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons