martes, 26 de abril de 2011

Las Dos Mentes II


Durante la etapa uterina se desarrolla el cuerpo con todos sus sistemas orgánicos. Como sabemos, nuestro cuerpo necesita seguir madurando a lo largo de la infancia y adolescencia. En el caso de la parte más importante del sistema nervioso, el encéfalo, su maduración se completará aproximadamente a los 22 años. El encéfalo y su órgano dominante, el cerebro serán de alguna forma, todavía misteriosa, el asiento físico de funciones cognitivas y psicológicas superiores como la consciencia, la personalidad, la autoimagen, la conducta y otras; este conjunto de funciones forman parte de "la mente".

En la primera infancia el ser humano es completamente dependiente tanto desde el punto de vista físico como emocional, forma parte de nuestra naturaleza. Las necesidades esenciales que la persona tiene y requiere de sus padres o de las figuras que los sustituyan en la infancia son la NECESIDAD DE AFECTO, la NECESIDAD DE ATENCIÓN y la NECESIDAD DE APOYO. El bebé es incapaz de conseguirse protección, nutrición física ni emocional. Cuando aprende a caminar empieza a ser algo más independiente pero aun así las posibilidades de supervivencia y de aprendizaje son improbables sin el contacto con los adultos. El siguiente paso en la evolución de la persona es el aprendizaje y dominio del LENGUAJE que se empieza a manifestar normalmente alrededor de los 2 años y alcanza un nivel muy significativo a los 7. Existen niños en situaciones de pobreza extrema que son bastante independientes a nivel físico a esta edad, ya son capaces de proporcionarse protección y alimento por si mismos. Así que, si bien no es la situación ideal, esto muestra que los 7 años es una edad que se podría marcar como un cambio de ciclo en el ser humano, de hecho el 90% de la autoimagen y la personalidad ya están formados en este momento y se dispone de una cierta fortaleza física y de una psicomotricidad avanzada. El último periodo de la infancia es el comprendido entre los 7 años y los 13, es un periodo de asentamiento de la personalidad mientras que se siguen incorporando aprendizajes intelectuales, artísticos, emocionales, sociales y psicomotrices. La siguiente etapa es la adolescencia y primera juventud, desde los 13 a los 22 años. Es de esperar que en este ciclo el individuo trabaje sobre todo en la preparación que le llevará a la autonomía real (por eso los adolescentes son generalmente rebeldes, están practicando el ser autónomos aunque todavía no lo son), mientras se prosigue con el aprendizaje a todos los niveles, intensificándose además los roles sexuales. A los 22 años este proceso de individualización y autonomía emocional debería haberse completado, el cuerpo físico y la autoimagen están completamente formados, se termina el periodo de maduración para continuar con el desarrollo como ser humano en la etapa adulta. Con 22 años teóricamente el individuo podría filtrar la realidad a través de si mismo y dejar de buscar de forma perversa la atención, el afecto y el apoyo de los demás, ya que está perfectamente capacitado para atender sus necesidades, quererse a si mismo y apoyarse en sus propios recursos, estrategias y fortaleza, compartiendo con los demás a través del verdadero amor una existencia basada la evolución y el despliegue de la conciencia… pero la realidad de nuestra sociedad es otra, puesto que desde el principio se nos educa para que mantengamos el patrón de DEPENDENCIA EMOCIONAL de por vida, basado en esa búsqueda compulsiva y recurrente de afecto, atención y apoyos externos. La sociedad es un niño grande que no quiere hacerse mayor y el individuo se mantiene reclamando a los demás lo que no es capaz de darse a si mismo, de esta manera, entre todos, se teje la TELA DE ARAÑA SOCIAL en la que se adquieren los papeles del tipo dueño y posesión, victima y verdugo. El colectivo tiene miedo a la independencia emocional, cuando lo que nos traería como sociedad sería el esplendor. El individuo tiene miedo a la soledad, cuando ésta no es más que la incapacidad de acompañarse a uno mismo.

Todo individuo tiene una PERSONALIDAD original propia, con características particulares que marcan una serie de inercias o predisposiciones positivas y negativas. Esta de todas formas necesita ser desarrollada puesto que viene al mundo en un estado inmaduro. La personalidad se desarrolla en el mundo social y de cara a el, si bien será utilizada por el INDIVIDUO para la percepción de SI MISMO a través del YO-AUTOIMAGEN que es una función de la propia personalidad. El préstamo que el COLECTIVO hace al INDIVIDUO cuando nace incluye un modelo del mundo y mucho más, un modelo sensorial, cognitivo y lingüístico que permite que el cerebro se organice de una forma similar a como está organizado el de sus congéneres. El cerebro inmaduro es estimulado por el entorno y replica internamente en forma de ESPEJO los patrones neuronales de lo que está percibiendo, primero aprehende y luego aprende, para más tarde hacer una exteriorización en forma de conductas y estrategias; como ya se ha dicho, en esta parte del proceso el individuo tiene la necesidad biológica de recibir grandes dosis de atención, afecto y apoyo tanto para su supervivencia como para desarrollar la personalidad; estas necesidades forman parte de la NUTRICIÓN esencial de la personalidad y son el envoltorio de otras nutriciones que vienen en forma de enseñanzas, modelos y SISTEMAS DE CREENCIAS. Todas estas incorporaciones permiten que la personalidad crezca y madure de forma organizada y estable. Aunque el proceso de necesidad de atención, afecto y apoyo en la infancia es biológico, desde el principio está corrompido por una sociedad de “adultos” que siguen manteniendo en ellos los mismos patrones dependientes de por vida, por lo que la personalidad que se nos obliga a desarrollar y potenciar desde el principio es la PERSONALIDAD EGOICA COLECTIVIZADA en lugar de permitir nuestro funcionamiento a través de la PERSONALIDAD ORIGINAL INDIVIDUAL. La dependencia emocional es el sostén del ego y por ello es la verdadera fuente de la desarmonía, conflictos y maldad humanos.

En todas las escuelas de pensamiento se ha hablado del ego y en las escuelas espirituales uno de los temas recurrentes ha sido buscar maneras de reducirlo o eliminarlo, ¿Para qué?, la respuesta es simple: para tener la oportunidad de vivir la experiencia humana desde la MENTE ORIGINAL, de emprender el viaje definitivo. Tenemos dos mentes, una ruidosa, en casi permanente parloteo, incongruente, controladora, territorial y sobre todo desbordante de importancia personal y egomanía, es la que está pendiente de lo que los demás piensan de uno y por ello se siente superior o inferior, es carroñera puesto que se alimenta y se hace fuerte enfocándose en el pasado y en el futuro, en las preocupaciones, vicios, dependencias, temores, obsesiones y explosiones emocionales buenas o malas; también hay otra mente más callada y serena, humilde, ya que solo aparece en escena en los escasos momentos en los que la otra se aparta, es sincera y te hace sentir auténtico y no tiene la necesidad de estar por debajo o por encima de los demás y sólo se puede alimentar cuando la permites enfocarse en el aquí y ahora, es quien puede percibir la dimensión abstracta de la vida, del infinito. ¿a cuál quieres favorecer?. Al ego se le vence desde dentro, convenciéndole poco a poco desde la mente original de que sea impecable a través del INTENTO INFLEXIBLE, de que renuncie a llamar la atención, retándole para que se quiera y desarrolle la verdadera dignidad hacia si mismo, haciéndole ver que es capaz; el ego por naturaleza tiene un carácter controlador y le gusta dominar lo que hace, así que dando los pasos adecuados lo podremos engatusar haciendo que haga cosas que nos convienen. Y así se irá purificando a través del desarrollo del las virtudes esenciales, porque sólo un ego purificado puede apartarse; este proceso no es cosa de dos días, lleva una vida, pero no hay prisa cuando has entendido que el destino es el viaje.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons