jueves, 7 de julio de 2011

Impecabilidad


El ser humano nace con una buena cantidad de luminosidad-conciencia aunque por razones desconocidas por casi todos, viene a este mundo también intoxicado con el veneno de la IMPORTANCIA PERSONAL, heredado y trasmitido generación tras generación de forma persistente e inexorable. En la mayoría esta toxina irá extendiendo su oscuridad a lo largo de la vida tan sigilosamente que ni siquiera se darán cuenta. Los sabios y maestros han venido una y otra vez a revelar la existencia de un antídoto para tal oscuridad, la IMPECABILIDAD. La semilla de la impecabilidad es un tesoro con el que también nacemos, sin embargo viene así, como semilla, siendo su cultivo delicado, necesitando de grandes dosis de tenacidad, paciencia, templanza, dedicación, valentía, desapego y silencio. A través del sostén de pensamientos, palabras y obras impecables van apareciendo como rayos de luz emanados desde el interior de uno mismo el AMOR y la ADMIRACIÓN hacia la vida, la auténtica DEVOCIÓN. Los menos la desarrollan hasta desplegar el brillo que esconde, un fulgor que junto con la impecabilidad debilita gradualmente la importancia personal, estrangulando al ego poco a poco, permitiendo la manifestación del auténtico ESPLENDOR HUMANO, ese estado que es una rareza y sin embargo al alcance de muchos si lo quisieran. El poder de alguien que está y vive tan vacío de importancia personal como lleno de impecabilidad y devoción es tal, que a pesar de que se le pudiera dañar el cuerpo, nunca se le podría herir el alma. El ESFUERZO necesario para el desarrollo de la impecabilidad es verdaderamente épico, más aún cuando el ego ha sido enseñado para perseguir con verdadero interés la fantasiosa idea de vivir sin trabajar.

El concepto psicológico de ESFUERZO es paralelo al concepto de TRABAJO en la física. El trabajo es ENERGÍA en movimiento y todo lo existente es energía que se mueve. Así que no existe tal cosa como el NO ESFUERZO ya que el universo está hecho de él; ahora bien hay esfuerzos útiles e inútiles, eficientes e ineficientes, simétricos y perversos... es un arte saber distinguirlos. Precisamente nuestro NÚCLEO EMOCIONAL está formado por un núcleo doloroso y otro gozoso, construido a imagen y semejanza de las fuerzas del universo. En el chamanismo se aceptó perceptual y cognitivamente el hecho de que parte de la creación estaba compuesta de dolor. Aceptar el hecho no es lo mismo que preferirlo o buscarlo como algunos parecen hacer, aunque es necesario aceptar la parte costosa o dolorosa del esfuerzo.

El problema existencial del ser humano consiste en estar atrapado en un marco perceptual e interpretativo que le excluye como ser energético dueño de las posibilidades para expandir su percepción y su conciencia más allá de los sentidos ordinarios. Las ESTRATEGIAS que a lo largo de miles de años se han puesto en funcionamiento para la mejora de la humanidad han tenido como objetivo el mantenimiento del sistema de DESAROLLO HORIZONTAL llamado "orden social" que a su vez sirve a los comandos biológicos de la supervivencia y reproducción, sin repercutir necesariamente esto en la propia evolución individual, la de la conciencia, el DESARROLLO VERTICAL; por eso, aunque los sistemas sociales han evolucionado, la realidad individual del ser humano es que permanece con los mismos problemas de siempre, resignado a continuar en la oscuridad o inconsciente de estar en ella (Mito de la Caverna, Platón). Desde el punto de vista de alguien que es consciente de la dimensión energética de la realidad a través del desarrollo del Ver, hoy en día me es imposible continuar percibiendo más el mundo tal y como me lo presentaron. Sigo profundizando en el conocimiento de los patrones energéticos generadores de simetría como ser literalmente luminoso que soy, de forma que estoy abandonando la búsqueda del bien para centrarme en la expansión de las capacidades de consciencia y percepción que de forma innata todos los seres humanos tenemos.

A menudo en el camino del desarrollo, el practicante comete un error de interpretación al pensar que se ha quitado la importancia personal. En el peor de los casos se la pone un disfraz diferente y en el mejor simplemente ha disminuido ligeramente. He aprendido que es necesario desconfiar de la mente en este sentido. De cualquier manera el camino consiste en refinar al ego cada día, aceptar que está ahí y hacerlo más benévolo, más amable, más sabio, menos lastimero, menos miedoso, más justo, menos narcisista, menos perezoso, menos ocioso, menos dependiente, más sublime, más consciente... Sólo un ego sublimado se puede apartar y sólo al final del camino, ni al principio ni a mitad y previamente es necesario haber vivido hasta viejo lleno de impecabilidad que básicamente consiste en pensar lo correcto, hablar lo mínimo y hacer lo necesario.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons