lunes, 11 de julio de 2011

Miedo



El MIEDO es la EMOENERGÍA que busca, percibe, reconoce y genera la DISCONTINUIDAD, el DESEQUILIBRIO, los BLOQUEOS, la DESINTEGRACIÓN y los estados DESTRUCTIVOS. Es quien realiza el cambio de la FASE GOZOSA a la FASE DOLOROSA. Es consciente de la dimensión ENTRÓPICA de la realidad, que se manifiesta para la matriz individual en forma de PELIGROS. El MIEDO sirve para detectar, dimensionar y señalizar los PELIGROS o RIESGOS, aunque no los analiza ya que ésta es una función de la tristeza. Un peligro es cualquier CONTENIDO COGNITIVO (MATERIA, ENERGÍA o INFORMACIÓN), endógeno o exógeno, que amenace a la MATRIZ INDIVIDUAL, lo que en potencia puede inducir INTERRUPCIONES o bloqueos en los flujos, DESEQUILIBRIOS en el sistema y DAÑOS parciales o totales en la simetría del mismo. El desequilibrio es el precursor del daño. Los daños provocan discontinuidad en algunas funciones y alteraciones en las estructuras, así como un aumento de la ENTROPÍA o desorden. En el plano físico, la finalización total de simetría (el mayor daño) es la MUERTE, la cual produce una discontinuidad e interrupción completa de la vida física así como la destrucción de la matriz individual (finalización de la unión de la conciencia con el cuerpo y el lugar que ocupa). La Unidad Procesadora del Miedo se relaciona con el MUNDO EXTERNO y con EL MUNDO INTERNO rastreando como una ANTENA la POSIBILIDAD de desequilibrios, discontinuidades, bloqueos y daños, emitiendo ALARMAS y SENTIMIENTO DE INSEGURIDAD que deben ser proporcionales a la probabilidad, cercanía y magnitud de los mismos. Una vez emitida la alarma el miedo cambia de fase estimulando a la tristeza. El miedo percibe y establece los LÍMITES propios a través del control de la fuerza motriz (REFRENAMIENTO). Por eso a veces, un miedo desproporcionado puede causar una parálisis funcional momentánea. Sin embargo, en otras ocasiones el miedo pierde su función inhibitoria de la fuerza motriz y entonces ésta se crece, a menudo de forma peligrosa y desequilibrada. Forma el NÚCLEO DOLOROSO junto con la TRISTEZA y la FUERZA MOTRIZ. El DOLOR es un sentimiento que tiene como objetivo inducir NECESIDAD DE EQUILIBRIO en el sistema.

La VIRTUD ESENCIAL del MIEDO es la PRUDENCIA. La energía del miedo es hija de la ALEGRÍA y es la madre de la TRISTEZA. El MIEDO y el AMOR se equilibran y complementan mutuamente, formando la POTENCIA CONSERVATIVA. La sinergia entre el miedo y el amor se llama ESTABILIDAD. Es controlado por la RECREACIÓN y a su vez ejerce control sobre la FUERZA MOTRIZ. Su patología mayor son las FOBIAS.

El primer comando biológico para los seres en el SISTEMA DE VIDA EN LA TIERRA es el de la supervivencia. Se manifiesta como un fuerte impulso y motivación para mantener la continuidad del individuo y de la especie a través de la autoconservación, la protección del grupo, la nutrición-depredación y la reproducción. La naturaleza premia a los seres haciendo que la continuidad sea experimentada en forma de ALEGRÍA DE VIVIR, mientras no se perciban PREOCUPACIONES o PELIGROS.

El verdadero MIEDO, del que nacen todos los demás, es el que se produce al sentir que la continuidad está amenazada o pudiera perderse. Así, la ALEGRÍA emanada del cumplimiento del primer y más sagrado mandato del Espíritu se convierte en MIEDO. El miedo a la MUERTE es el PRIMER ORIGEN DEL SUFRIMIENTO y surge de la IGNORANCIA de que somos mucho más que un cuerpo físico. Desde el punto de vista energético-transpersonal, somos un conglomerado de campos de energía con CONCIENCIA DE SER y formamos parte de un plan más allá de nuestra comprensión (SIMETRÍA SAGRADA en el modelo de la Resonancia Bioenergética, LA REGLA en el chamanismo centroamericano). Las religiones han pretendido compensar este miedo, sustituyendo la falta de conocimiento por creencias de lo más variopintas, intentando con ello conectar con el sentido transcendente de la existencia. Las religiones y supersticiones han sido un escalón en el camino evolutivo del ser humano; el paso siguiente sería aumentar la conciencia de tal manera que las creencias se transformen en saber a través del desarrollo de nuestra naturaleza como perceptores y navegantes del infinito. La CIENCIA está intentando realizar este proceso en la actualidad, pero su búsqueda será incompleta por haber renegado del lado mágico del ser humano, ése que contempla que somos energía consciente de sí misma que forma parte de un orden o DISEÑO INTELIGENTE universal. Solo aquél que es capaz de ir más allá de la materia, viendo directamente la energía sutil tal como fluye en el universo, tiene posibilidades de desentrañar una parte del misterio de la vida y trascender realmente el miedo a morir. El verdadero aspirante a la transcendencia (del ego) es quien ha templado su razón tanto o más que un científico y al mismo tiempo es capaz de dejarla a un lado, o más bien utilizarla como ancla mientras se adentra en lo inexplicable y paradójico de la existencia, manteniendo al mismo tiempo la cordura y la sobriedad.

La energía solo se transforma y mueve, por lo que la muerte no es más que una importante mutación y reconfiguración de los sistemas de energía que se han unido temporalmente por la FUERZA AGLUTINANTE o AMOR para existir y ser dentro del contexto de aprendizaje al que llamamos VIDA. Sin embargo, en el SISTEMA DE VIDA EN LA TIERRA, a menudo los seres desconocen por completo los ciclos de cambio, reglas y evolución que la energía viva experimenta a lo largo del espacio-tiempo. Las conciencias se ven absorbidas, y a veces agotadas, por el trabajo derivado del intento de cumplimiento del ORDEN NATURAL a través de los comandos biológicos genéticamente programados de la supervivencia, pertenencia, reproducción y depredación (transformación y absorción de materia, energía y vida entre unos seres y otros). La dimensión transcendente del ser humano permite quitar notoriedad a los comandos biológicos primarios, traspasando la atención principal al comando del CRECIMIENTO DE LA CONCIENCIA. Éste es el primer requisito para vencer al miedo perverso y transformarlo en el primer guardián del CONOCIMIENTO. Si bien es necesario proteger la vida en la medida de lo posible, lo que permite al ser humano amortiguar el ciclo de sufrimiento es convertir el crecimiento de la conciencia y la libertad perceptual en el primer mandato y fuente de la motivación para seguir viviendo (EL CAMINO DEL GUERRERO).

El miedo es un filtro cognitivo tan natural como necesario. Desde el punto de vista biológico es el vigilante que detecta las amenazas y peligros en la continuidad; desde el punto de vista psicoemocional y transpersonal permite detectar todo aquello que pueda bloquear el acceso a niveles mayores de conocimiento, desarrollo y conciencia. Si se vence el temor a morir debido a un aumento en la conciencia, el miedo pasa a funcionar en otro nivel, en el que existe sin generar sufrimiento.


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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons