viernes, 26 de abril de 2013

Resonancia Bioenergética II


El material que he publicado hasta ahora, tanto en este blog como en mi primer libro “Emoenergética, Psicología Neochamánica”, trata especialmente sobre las emociones, la conciencia y la psique humanas abordadas  desde una perspectiva bioenergética y transpersonal. Sin embargo, el origen de esta cosmovisión y del modelo teórico-práctico resultante sobre la naturaleza humana, al que he llamado Resonancia Bioenergética, tuvo sus raíces en una búsqueda personal muy concreta: la de mi propia sanación física. 


La Resonancia Bioenergética que hoy en día practico y enseño es el sistema de sanación y conocimiento humano resultante de esta experiencia personal. La mayoría de las personas que se benefician de este sistema lo hacen como usuarios de mi terapia en las sesiones individuales que hacen regularmente. Unos pocos se convierten en alumnos avanzados y pueden llegar a realizar la formación de terapeutas. Para éstos aporto un modelo teórico y práctico de percepción extrasensorial, así como un protocolo avanzado de intervención y tratamiento del campo energético. También hay muchas personas que en los últimos tiempos se han interesado desde un punto de vista intelectual por mi trabajo, gracias a la labor divulgativa que hago a través de la Emoenergética, cuyos principios y fundamentos expongo en mi blog y en el libro que he publicado. La Emoenergética es la parte no técnica de la Resonancia Bioenergética. En conjunto, todas las partes unidas forman una medicina holística, moderna y revolucionaria en muchos sentidos. Pero también es un camino de crecimiento personal, emocional y de la conciencia. Y todo ello parte de la premisa fundamental de que el universo tiene una naturaleza doble: FÍSICA y SUTIL. Así que nosotros, como integrantes vivos de ese universo, también somos seres dobles. Nuestra parte sutil es el ALMA, lo que anima al cuerpo físico y le da la vida. Cuando hablo del alma no me estoy refiriendo a un concepto romántico, teórico, espiritual o abstracto, sino a un verdadero cuerpo energético que se encuentra completamente vinculado e interconectado con los niveles físico, mental y emocional. El alma es una entidad concreta dotada de estructuras propias y funciones particulares, sometida a las leyes naturales, accesible, cuantificable, experimentable y visible para el perceptor entrenado en la Resonancia Bioenergética.

Como es normal, muchas personas me preguntan si a través de este sistema puedo curar esto o aquello. Dejemos las cosas claras, por ahora, y probablemente va a seguir así, existe un marco legal bajo el cual se me permite ejercer mi profesión como terapeuta energético y asesor espiritual, sin embargo hay leyes muy restrictivas en cuanto a lo que se puede decir, afirmar u ofertar, ya que se penaliza y cataloga como delictivas las afirmaciones o anuncios en los que se promulgue que tal o cual terapia alternativa tiene algún efecto positivo para la salud. Yo, como profesional de la medicina natural, he decidido respetar eso. Las posibilidades de ésta y otras terapias naturales se deben demostrar a través del tiempo con hechos más que con palabras. Creo en la importancia de ser y comportarnos como profesionales a la hora de trabajar como terapeutas. Es necesario hacer de la impecabilidad nuestra tarjeta de visita. Aun así, habrá una parte de la población que nos verá como bichos raros, por eso hay que evitar serlo. Aunque a veces son necesarias revoluciones y desobediencias civiles, lo importante es darnos cuenta de que la percepción del público con respecto a las terapias complementarias en los próximos años dependerá sobre todo de la coherencia y sobriedad en el trabajo de divulgación que podamos hacer y de la práctica profesional de cada uno de nosotros y nosotras en el día a día. Creo que se puede conseguir mucho desde dentro del sistema, podemos respetar una legalidad con la que quizás no estamos de acuerdo, y aun así hacer una buena labor. Yo asumo que las leyes que regulan nuestra práctica tienen como objetivo proteger al usuario, y eso me parece necesario en cualquier ámbito. Desgraciadamente, al día de hoy, los que nos dedicamos a la medicina natural, aunque compartimos algunos principios, no formamos un grupo homogéneo, ni decimos las mismas cosas, ni tenemos los mismos conocimientos, ni las mismas creencias, ni vamos por el mismo camino. Esto es debido a que somos una corriente minoritaria y fragmentada, pero igualmente podemos esforzarnos en investigar, trabajar, divulgar y compartir y quizás con el tiempo seamos capaces de funcionar mucho mejor como colectivo.

Así que, aunque la Resonancia Bioenergética también tiene un gran interés en el conocimiento y comprensión del funcionamiento del cuerpo físico, su lugar es ser una medicina complementaria orientada no hacia este nivel físico, sino hacia su contraparte sutil: el alma humana. Por supuesto, en el propio modelo se apoya la hipótesis de que necesariamente debe existir una relación de interdependencia entre los estados del cuerpo físico y los del cuerpo sutil, no pueden ser entes separados, sino que deben estar intercambiando información constantemente. De cualquier manera, más que de curación, en este contexto lo correcto es hablar de sanación. En nuestra sociedad se usa comúnmente la palabra CURACIÓN para dar nombre al proceso de eliminación del síntoma o de su percepción a través de fármacos, o bien al estado alcanzado en el que no se manifiestan signos físicos o mentales de la enfermedad o patología previamente presente, o también para hacer referencia al proceso posterior a la extirpación de la misma a través de la eliminación o sustitución de tejidos o partes del cuerpo asociadas con ella. Sin embargo, la SANACIÓN, tal como se entiende en la Resonancia Bioenergética, es un término que hace referencia más a un camino que a una meta. Es un proceso cuyo éxito depende de la integración de nuevos aprendizajes simétricos desde el punto de vista del alma como compensación eficaz a los problemas presentes en el cuerpo físico, en el cuerpo energético o en la mente. La sanación lleva implícito el acto de recorrer una vía a través de la cual el individuo tiene que resolver diferentes acertijos a través de los cuales es retado a aumentar su consciencia de ser como consecuencia del proceso de reconexión y reorganización al que somete a la totalidad de si mismo (cuerpo-mente-alma) así como a sus partes previamente fragmentadas, perdidas o dañadas. En el individuo, la sanación debe asentar la comprensión de que el destino es el viaje. Este proceso es una lucha emprendida y sostenida para conquistar la aceptación, profunda y total, de que la propia Vida es un fenómeno existencial y transcendente. Por ello el desafío real del ser humano consiste en aceptar el reto de sublimarse y así destilar hasta la última gota de consciencia que quepa en su recipiente. La curación física es una excusa, un incentivo más en el camino de la sanación y el despertar espiritual. O al menos, así se debe entender en este camino que, como en todos, parte de algunas premisas fundamentales que se asumen como principios. La sanación verdadera es alinearse con la voluntad del Espíritu a través del acercamiento a la propia simetría sagrada. Un principio elemental en este sendero es que el Espíritu (principio y fin de todas las cosas y seres) insufla y reparte a través de sus propios comandos la luz de la conciencia a sus creaciones. Esto lo hace aparentemente para que una vez trasformada esta energía especial a través del proceso de vivir, le sea devuelta de nuevo a través del proceso de morir. 

Los mandatos o comandos del Espíritu son los niveles de organización a través de los cuales la existencia y por tanto la vida se manifiesta y ordena. En nuestro sistema de vida en la Tierra podemos atestiguar que se expresan especialmente a través del orden universal, natural y biológico, que organiza la materia, la energía y la vida, así como sus posibilidades de expresión y replicación. Además de mandatos y comandos, el Espíritu dispone de Voluntad. Sin embargo podríamos decir que su voluntad es tan solo su preferencia, explicada bajo el concepto de la simetría sagrada, por lo que los seres, si bien son comandados a vivir de un cierto modo y bajo unas ciertas leyes (horizontales), además pueden elegir por sí mismos si recorren los caminos (verticales) que les llenarían de forma extraordinaria con más luz del propio Espíritu, es decir con la conciencia divina misma. Además de vivir una existencia puramente “natural” y ordinaria, los seres podrían “iluminarse”. Por eso la verdadera sanación, en la Resonancia Bioenergética,  es contemplada desde el nivel transpersonal, el que ubica y conecta al individuo y a su experiencia vital más allá del comando o mandato biológico de la nutrición, supervivencia y reproducción (horizontalidad), otorgándole un lugar más simétrico y transcendente dentro del propio Espíritu Universal (verticalidad) gracias al proceso de llenado y expansión de la conciencia en el capullo luminoso o cuerpo sutil individual. La conciencia es vista aquí como la energía fundamental del universo, que se expande a lo largo de la creación hasta llegar a los capullos de los seres vivos, donde es trasformada y concretizada para fabricar experiencias. El cerebro sería un transductor de la experiencia y de la conciencia hacia el cuerpo físico, pero no el origen de la misma. Los principios que expongo se pueden catalogar como dogmáticos, sin embargo, uno de los propósitos más ambiciosos que me propongo es proporcionar las herramientas de expansión de la conciencia y percepción extrasensorial necesarias para que aquellos que empiecen asumir estos principios como meras premisas o apuestas, sean capaces con el tiempo de convertir estas creencias en conocimientos mediante su propia experimentación directa, reiterada y compartida con otros compañeros y compañeras de viaje.

Es cierto que en la medicina natural, al igual que en cualquier tendencia minoritaria, marginal o no consensuada, existe una tendencia al dogma, la extravagancia, incluso al delirio. Se me podría acusar de lo mismo. En mi intento está mantener la Resonancia Bioenergética como un sistema coherente y libre de supercherías y charlatanerías. Por ello, tanto en las terapias como en los seminarios, suelo hablar de lo necesario que me parece cultivar activamente un pensamiento crítico y lógico, incluso en lo alternativo. En definitiva, ser más racional que los materialistas, lo cual es un reto complicado pero alcanzable. Aun así hago afirmaciones que pueden ser irracionales para muchos. Afirmo que es posible entrenar a personas para que sean capaces de percibir el cuerpo sutil. Se puede, hasta un punto, al igual que en cualquier otro área del conocimiento, descubrir y comprender cada vez más los funcionamientos de este cuerpo. Se pueden aprender y dominar técnicas y protocolos de actuación concretos a través de los cuales el terapeuta podrá llegar a ser capaz de realizar intervenciones precisas en el campo sutil humano. Este es un sistema pseudocientífico, sí, pero cuenta con una amplia base de conocimientos, parámetros, protocolos y metodologías que permiten ir integrando cognitiva y experiencialmente la dimensión sutil para poder sanarla. Todo ello sin recurrir a ángeles, extraterrestres, rituales, túnicas ni cantos, ni tampoco a la seductoras drogas psicodélicas o enteogénicas, cuyo peso va aumentando progresivamente entre los buscadores de la conciencia y que sin embargo traen consecuencias nefastas y contrarias a los objetivos de desarrollo de la Resonancia Bioenergética. De hecho, ésta es una medicina que ni siquiera tiene interés en la farmacopea natural. Asumo el complicado reto de demostrar, al menos empíricamente, que existe una dimensión sutil en la existencia, que la consciencia es parte esencial de ella y que el pensamiento es su vehículo; que los conglomerados de campos de materia y energía sutiles son estructuras ordenadas, cuantificables y accesibles para el perceptor-sanador adecuadamente entrenado,  que estas estructuras forman parte natural de todo lo que existe y que están íntimamente relacionadas con el nivel físico.

Vivimos en un contexto acelerado de avances humanos, cambios rápidos cimentados en el desarrollo científico y técnico. El materialismo científico más radical y el nihilismo se fortalecen como tendencias que quieren convertirse en predominantes. La ciencia avanza impregnada cada vez más de este materialismo, afirmando que el escepticismo es el único modelo cognitivo válido para explicar la realidad, la vida, el universo, la naturaleza y nuestro lugar en ella. La ciencia y la ingeniería avanzan produciendo desarrollos horizontales en lo que he venido a llamar “la parte dura de la conciencia”. El resultado es la ampliación de nuestras capacidades de conocimiento y cerebrales a través de la adquisición de competencias intelectuales y del uso de artefactos tecnológicos que nos muestran partes de la realidad aparentemente inaccesibles para nuestros sentidos ordinarios. Contamos con cantidad de aparatos que “aumentan” nuestra realidad o que intentan poner parches y accesorios en las áreas de la psique que no hemos podido o querido desarrollar. Las percepciones ampliadas que nos brindan dichos elementos tecnológicos forman ya parte de nuestro mundo de todos los días, modifican nuestra relación con él y la forma en cómo lo percibimos. La mayoría de la gente no se da cuenta realmente de que estamos en un punto de inflexión en la historia de la humanidad y en nuestra evolución como seres. Asistimos casi sin darnos cuenta a una revolución en nuestro entorno y en el mecanismo a través del cual los datos e informaciones del mundo externo llegan a nuestros sentidos y cerebro. Nuestra capacidad de percibir y reflexionar sobre lo que percibimos nos impulsa hacia nuevos descubrimientos y paradigmas que intentan explicar el mundo y la vida. La explicación que  intenta hacerse dominante defiende que, al final, solo somos materia, átomos que se organizan en forma de cuerpo y cerebro, siendo éste último un mero y complejo procesador computacional de información cuyo objetivo final es replicar los genes y producir descendencia, siendo la selección natural el medio para conseguir esto y la evolución un mero producto de ello. Para el materialismo científico somos una máquina sin alma, sin significado y sin propósito y la vida no es más que una casualidad. La psique y la conciencia no son más que productos emergentes del funcionamiento cerebral y el alma no es más que una falacia, un error de interpretación del propio cerebro. El cuerpo no es más que un conjunto de piezas que se pueden manipular y sustituir, de forma más eficaz cuanto más avanza la ciencia.

El materialismo libra su batalla y lo seguirá haciendo en las décadas venideras en su intento de convencer a las masas de su paradigma, de que tanto nosotros como la naturaleza somos simples máquinas con capacidades computacionales, que no venimos y que no vamos a ningún sitio. La ciencia tiene la esperanza de poder arreglarlo todo, si avanza lo suficiente. La medicina convencional se basa primeramente en el consumo de drogas y medicamentos. En ocasiones esto no es suficiente y entonces el siguiente planteamiento es cortar por lo sano, literalmente. Se trabaja intensamente para conseguir fabricar piezas que sustituyan lo que se rompió en tu cuerpo. Y lo más importante es que no duela. Hay una gran actividad en el desarrollo de nuevas piezas biónicas mécanicas y también biológicas. Piezas de recambio sin alma para máquinas sin espíritu. Es raro para mi pensar que bajo esta manera de ver el mundo, somos unos desalmados. Una parte de la medicina sigue esforzándose más y más en inventar soluciones que mitiguen los desastres de nuestras decisiones, en lugar de insistir en la necesidad de hacernos cargo de nuestra vida, mejorar nuestros hábitos y asumir nuestros errores. Todo es una enfermedad curable, incluso nuestros despropósitos. Admiro muchos de los avances de la medicina convencional, lo que no comparto es su visión.

Mi apuesta es otra. Trabajo para engrandecer el alma, conocerla, sanarla, sacarla a la luz. Despertar cada día con el propósito de perfeccionarnos y sublimarnos como seres humanos transcendentes y así hacernos responsables de nuestros pensamientos, palabras y obras, aceptando nuestras limitaciones y superándolas si es posible. Mi alma es un crisol que bulle y late en la alquimia de la existencia; mientras que camino por este mundo, lucho y me deleito a partes iguales; percibo, siento e intento llenarme del elixir de la vida, la conciencia de ser.

He pasado los últimos 30 años buscando, investigando, encontrando. Y así voy a seguir, ya que la fascinación por la vida y la conciencia me impulsan. Hasta el momento he impartido el conocimiento que tengo a muy pocas personas, en realidad a ninguna, es decir, no completamente. Desde hace tiempo he estado reflexionando sobre cuál sería el formato más adecuado para trasmitir esta enseñanza a los futuros terapeutas de la Resonancia Bioenergética. En realidad, lo tengo claro desde hace bastante, pero aun así he estado valorando  diferentes opciones. Desde el principio he sabido que esto no puede ser simplemente un cursillo o seminario que te llevas a tu casa después de unas horas de clase. Este es un camino, una forma de ver y entender la vida en toda su amplitud y dimensiones. Por ello se exige una transformación por parte del alumno, un entrenamiento adecuado y mucha dedicación. Precisamente por esto no lo he ofertado en forma de seminarios en los que se convoca a la gente que quiera hacerlo y ya está. Hubiera sido mucho más sencillo para mi. No estoy conforme con ese sistema, al menos no con la Resonancia Bionergética. He discutido largamente conmigo quizás porque hoy en día así es como se suelen hacer las cosas. Quien me acompañe, con el tiempo lo entenderá perfectamente que la manera en como lo voy a hacer es mucho mejor. Al día de hoy tengo que trabajar con cada alumno a alumna directamente, a su ritmo, de forma individual, durante años. No he encontrado otra manera de hacerlo bien. Ahora ya ha llegado el momento. Mientras que sigo investigando y dando terapia, espero poder dedicarme al menos los próximos 50 años a enseñar de forma profesional este arte, guiando a aquellos que se muestren dispuestos a recorrer los rigores de este sendero, más duro y complejo de lo que la mayoría pueda sospechar, pero lleno hasta el borde de conocimiento y maravilla, porque es más que un camino de sanación, es un camino de Vida. Si has llegado a leer hasta aquí, debe ser que te interesa. Si es así, empieza por recibir terapia.

¿Te gusta lo que has leído en este blog? Profundiza y hazlo real en tu vida recibiendo sanación y guía. En cualquier lugar del mundo en donde estés. Mira aquí.


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Texto y fotografías de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.