miércoles, 26 de agosto de 2015

La Puerta



La puerta hacia el Espíritu es el AMOR hacia uno mismo. Muchos confunden al UNO MISMO con el YO. El yo es un molde que se encuentra en contacto directo con el mundo, a través de los sentidos y el cuerpo físico, permitiendo experimentar la propia individualidad a través de una identidad. El uno mismo, el SER, se encuentra encerrado dentro del yo; esto le protege  parcialmente de los impactos de este mundo físico y mortal, ya que su primera naturaleza es energética y espiritual. El yo en su fase egoica (que es en la que estamos) es opaco y no permite la completa conexión e identificación (AMOR) con el Uno Mismo.

El aspirante a la luz debe anhelar el contacto y comunión con el ser, creer en su naturaleza energética y trabajar de forma permanente e inflexible en la posibilidad de convertir esa creencia en auténtico conocimiento de uno mismo. Ni siquiera necesita tener fe en dios, sino más bien en sí mismo. Esto es el verdadero amor, la verdadera autoestima. La persona debe decidir aceptar el reto y entonces ir deshaciéndose gradualmente de sus oscuridades, autoindulgencias y despropósitos. Necesita adoptar una actitud incansable hacia el aprendizaje y luchar impecablemente para desvitalizar los cuatro pilares del ego que se manifiestan como sentimiento de superioridad, sentimiento de inferioridad, sentimiento de ofensa y sentimiento de importancia personal.


El yo sostiene a la persona social, así que si queremos sublimarlo, hay que sublimar primero a la persona social. La persona es sublimada mediante el cultivo de las virtudes esenciales (motivación, prudencia, paciencia, persistencia, amabilidad y templanza) y mediante del desarrollo continuado de habilidades emocionales, psicocorporales, sociales, intelectuales, creativas y económicas, ya que éstas forman parte inmanente del proceso de aprendizaje correspondiente a la fase egoica, en las que el ser inmortal experimenta las limitaciones de una vida física humana. Mientras tanto el ser debe ser cuidado a través de la práctica de técnicas energéticas de sanación, meditación y recapitulación.

Según se va sublimando, el yo es cada vez más transparente. En un momento dado, la luz interior del UNO permea, y empieza a tocar a la persona y al mundo a su alrededor. Esto no es una metáfora. El objetivo es que el yo egoico alcance un estado auténticamente cristalino. Es entonces cuando el aspirante ya no necesita creer, puesto que ya VE constantemente a su amado. Se genera con ello un nuevo impulso que le ayudará persistir en la siguiente fase, que es volverse UNO con ÉL, rompiendo el cristal del yo en mil pedazos, permitiendo al uno mismo vivir en este mundo al haber asumido la forma sublimada del ser social, habiendo heredado además todas las competencias cosechadas anteriormente por el yo egoico. Esto es lo que muchas escuelas han llamado la muerte del ego o realización. En el chamanismo de Castaneda se describe como "perder la forma humana".

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Texto y fotografía de Chema Sanz bajo licencia Creative Commons.